CUANDO DIOS NO QUITA UNA CARGA, PERO NOS DA LA GRACIA PARA LLEVARLA.
“«Bástate mi gracia; porque mi poder se perfecciona en la debilidad».”
2 Corintios 12:7-10 · Reina-Valera
En las pruebas más difíciles de la vida, a menudo buscamos una salida rápida al sufrimiento, olvidando que el propósito de Dios no es evitar toda tormenta, sino revelarnos que su gracia es el ancla segura que sostiene nuestra alma en medio de ella. ¿Está dispuesto a dejar de exigir la eliminación de su carga para aprender a depender de la suficiencia del poder de Cristo hoy?
1. CUANDO EL CIELO GUARDA SILENCIO ANTE SU DOLOR
Hay oraciones que hacemos con lágrimas en los ojos y esperanza en el corazón. Oramos, insistimos, suplicamos y esperamos que Dios intervenga. Creemos que, si Él nos ama, quitará inmediatamente aquello que nos lastima. Sin embargo, algunas veces el Señor no retira la aflicción; nos da algo mucho más profundo: su gracia para atravesarla.
Amado Padre celestial, reconozco que muchas veces he querido que quites inmediatamente todo aquello que me duele. He confundido tu amor con la ausencia de problemas y tu fidelidad con la rapidez de tus respuestas. Perdóname por las veces que he dependido más de mis fuerzas que de tu gracia. Que mi vida no sea un monumento a mi autosuficiencia, sino un testimonio de tu fidelidad. En mis días buenos y en mis noches difíciles, ayúdame a descansar en la obra consumada de Cristo y en la esperanza de su victoria. En el nombre precioso de Jesús. Amén.
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